martes, 31 de marzo de 2015

Cuatro días en Alemania: Sábado de centro comerciales, libros y canción de despedida.


Nos levantamos a las siete de la mañana pese a que solo habíamos descansado 4 horas a la mucho. Pero teníamos que aprovechar el día como fuese. 
La abuela de Tanya nos preparó tortitas y té verde, yo con mi manía de no comer mucho por la mañana me llené con un par. Nos despedimos de su abuela y salimos para la estación de tren. 
Llegamos a otra avenida concurrida de Sttugart, otro Passeig de Gràcia, llena de H&Ms, Louis Vuitton y librerías. Pasamos por un food lounge y pillamos algo de beber, Tanya un smoothie de frutas y yo agua de vitaminas. Ahí hablamos un rato, yo quejándome sobre como la de biología me suspendería ese trimestre y ella comentando los mejores momentos del concierto. A la salida del food lounge paseamos por unos mercadillos de segunda mano y otro de frutas y verduras de los campesinos cercanos.
Cogimos el tren y nos dirigimos a otro centro comercial donde habíamos quedado con otras dos amigas de Tanya. Después de haber conocido a todo su grupo de amigas más cercanas dimos un par de vueltas por el lugar y entramos en tiendas de ropa, más por petición mía la verdad. 
Pasamos por otro food lounge y me pillé una porción grande de noodles, que raro, y ellas patatas fritas.
Hablamos con ellas sobre España, les pregunté si habían venido alguna vez, resulta que sí, una de ellas había venido de vacaciones por Valencia. Me preguntaron sobre mi estancia en Frankfurt. Lo mejor ha sido poder abrazar a Tanya, pensé. 
Sin saber que hacer, fuimos a una biblioteca de al lado que como Tanya me había comentando, no era bonita por fuera pero por dentro era preciosa. 
E imagínate tu, de estar en bibliotecas de barrio a caminar por los cientos de libros que aguardaban esos estantes. Eran tan acogedor que quería instalarme ahí mismo lo antes posible. 

Subimos a la azotea del edificio donde el viento pegaba de cara y las vistas no eran bonitas, todo parecía en construcción. La compañía no podía haber sido mejor por eso. 
Eventualmente nos despedimos de sus amigas y volvimos a su casa. 
Cenamos y nos encerramos en su habitación donde vimos una de sus películas favoritas y luego su concierto favorito de My Chemical Romance. 
Ya por las nueve de la noche, no podía mantener los ojos abiertos, lo siento pero los tres días anteriores no había dejado de caminar y necesitaba descansar. 

Último día. 
Nos levantamos y desayunamos copos de avena y como no podía faltar unas tazas de té. 
Los dos sabíamos que era el último día pero era tan implícito que no hacía falta mencionarlo. Volvimos a su cuarto y le pasé todas las fotos y vídeos del concierto de Nicki, luego obviamente hicimos lo que unos adolescentes hacen en sus tiempos libres. Ver vídeos de gatitos. Una hora entera de vídeos. ays. Yo en el fondo extrañando a mi peque que me esperaba en casa.
A las 12:30 salimos de su casa, cogimos el tren y después de hacer transbordo llegamos a la parada de autobuses. El cabrón del conductor llegó justo en ese momento también y en seguida nos tuvimos que despedir. 
Fue un abrazo tan largo e intenso que me permití cerrar los ojos y almacenar ese momento para la eternidad. Todo lo bueno tiene que acabar, todo lo malo tiene que acabar, todo llega a un fin. 
Tanya entonces se fue, antes de que yo subiese al bus, le dije que iba a ser mejor así porque si no me veía a mi mismo llorando e intentando explicar al conductor en inglés al conductor que se me había metido una pelusilla en el ojo. 
Dentro del bus, me senté en parte de atrás, al lado de la ventana. Tenía toda la disco grafía de Dover en el móvil y Kafka en La Orilla de Murakami para acortarme el viaje. 
Iba durmiendo, me despertaba. Que no, que me dormía. Me despertaba e intentaba no dormirme, pero me dolía el culo, luego la espalda y encima necesitaba mear. 
Cuatro jodidas horas después bajé en el aeropuerto de Frankfurt. Y Claro, mi avión no salía hasta las 9 de la noche. 
Fueron cinco horas en las que aproveché para comprar un bocata de 7 euros con tanto queso que podía sentir mis células adiposas crecer por segundos. Me dolió más por las calorías que por gastarme tanto dinero en una migaja de pan. Luego ya no había nada más que ver por el aeropuerto, hice check-in, me pillé un té en el starbucks y me puse a seguir leyendo a Murakami. 
Cinco horas después fui la puerta de embarque de Lufthansa, donde habían sido tan amables de poner una máquina de bebidas gratis para los pasajeros. Me preparé otro té, pero este a comparación con el de Starbucks sabía a agua de tomate. Así. 
Embarcamos, enseguida despegamos, nos dieron de cenar un bocata de queso vegetal y a las 11 aterrizamos en Barcelona. 
Lo había pasado muy bien la verdad, había disfrutado cada uno de los cuatro días pero al sobrevolar Barcelona y ver la ciudad iluminada por las luces sentí esta añoranza que experimentas cuando has estado fuera de casa. Y es que no cambiaría mi ciudad por nada. 
Bueno tu esperate eh, que en dos meses estaré caminado por las calles de Nueva York y a lo mejor cambio de opinión. Pero eso ya más adelante. 

intento de selfie.

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